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lunes, 14 de marzo de 2011

LA REBELIÓN EN LIBIA: ENTRE LA GUERRA CIVIL Y EL PELIGRO DE LA INTERVENCIÓN IMPERIALISTA

A tres semanas de la insurrección en Bengasi que dio comienzo a una extendida rebelión popular contra el régimen de Kadafi, los sangrientos combates entre las fuerzas gubernamentales y la oposición han escalado abriendo un proceso de guerra civil con resultado aún incierto.

A pesar de haber perdido el control de la zona costera al este del país, Kadafi retuvo la capital, Tripoli, y gran parte del occidente, y desde allí ha lanzado una contraofensiva para recuperar las ciudades perdidas a manos de los “rebeldes”. De esta manera, busca impedir el avance de la rebelión ya sea sobre Tripoli o Sirte, su ciudad natal, o sobre zonas bajo control de clanes y tribus afines al régimen.

La ofensiva militar del régimen se ha concentrado en puertos y ciudades petroleras como Brega y Ras Lanuf, y otras posiciones estratégicas como la ciudad de Zawiya a menos de 50 km. al oeste de Tripoli.

En estos combates se enfrentan las fuerzas que permanecen leales a Kadafi, principalmente el aparato de seguridad del estado, sectores del ejército y mercenarios traídos desde países vecinos, y las milicias de la oposición compuestas por sectores del ejército que han desertado y se pasaron del lado de la rebelión, y sobre todo, por decenas de miles de jóvenes pobres y de las clases medias, de tendencias islamistas y laicas, que voluntariamente y de manera espontánea se unen a la defensa de las ciudades ante el avance de los tropas oficialistas. Según la revista The Economist sólo en Bengasi se han alistado 17.000 jóvenes, que portan desde armas automáticas y granadas tomadas en los cuarteles hasta cuchillos domésticos y que se lanzan al combate a pesar de carecer de toda experiencia militar.

La existencia de estas milicias irregulares confirma que, a pesar de sus esfuerzos iniciales, el Consejo Nacional con sede en Bengasi que actúa como gobierno provisorio de la oposición, no ha podido llevar adelante su política de desarmar a la población y disciplinar una fuerza regular dirigida por los ex oficiales del régimen. Este elemento muestra el grado de radicalidad que alcanzó la lucha contra Kadafi pero también expresa su debilidad: que la dirección política del proceso está hegemonizada por los sectores de “notables”, que incluyen las clases medias ilustradas, empresarios y los elementos que desertaron del antiguo régimen que buscan reemplazar la dictadura de Kadafi con otro régimen confiable para los intereses de las potencias imperialistas. Esto explica que miembros prominentes del gobierno provisional hayan pedido la intervención “humanitaria” de las potencias occidentales, mientras que en las calles de Bengasi y otras ciudades se rechaza todo tipo de injerencia imperialista.

Kadafi parece tener un objetivo de mínima que es mejorar su relación de fuerzas para lograr una salida negociada que le garantice que no será juzgado por sus crímenes y que tampoco se tocará la cuantiosa fortuna personal que posee. De hecho Mustafa Abdel Jalil, ex ministro de justicia de Kadafi y actual vocero del Consejo Nacional rebelde, dio a entender que la oposición estaba dispuesta a aceptar esa negociación, aunque luego fue desmentido por otros miembros del Consejo.

Pero tampoco se puede descartar que si Kadafi logra triunfos militares parciales, busque afianzarse en el territorio bajo su control y desde esa base, seguir peleando una prolongada guerra civil.

El imperialismo más cerca de utilizar la “carta humanitaria”

Usando la hipócrita excusa de evitar la “violencia” sobre la población civil, Estados Unidos y las potencias europeas están cada vez más cerca de lanzar algún tipo de intervención militar contra Libia, ya han estacionado buques de guerra en el Mediterráneo con la cobertura de la distribución de “ayuda humanitaria” y los aviones de la OTAN ya han ampliado su vigilancia para monitorear el movimiento de las tropas de Kadafi. Entre las opciones militares que abiertamente discuten los gobiernos imperialistas y sus aliados de la Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo, que temen el levantamiento de sus propios pueblos, la que parece imponerse es el establecimiento de una zona de exclusión aérea sobre el territorio libio, o al menos sobre la costa este donde está concentrada la oposición. Otra propuesta de senadores demócratas y republicanos norteamericanos es lanzar ataques selectivos –como los bombardeos ordenados por Reagan en 1986- o armar a los rebeldes. Francia y Gran Bretaña ya han elaborado un borrador de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para establecer la zona de exclusión aérea. El 10 de marzo se reunirá la OTAN para evaluar las acciones militares.

Sin embargo, la decisión de intervenir militarmente en un país musulmán está provocando divisiones y tensiones. Estados Unidos, comprometido en dos guerras en Irak e Afganistán, busca legitimidad internacional para lanzar el ataque contra Kadafi. La posibilidad de que esta intervención cuente con la bendición del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es casi nula: Rusia y China, que tienen poder de veto, se oponen tajantemente, por intereses propios, a legitimar la intervención extranjera a cualquier país.

Partidarios de la intervención consideran que no hace falta la aprobación de la ONU y ponen como ejemplo los bombardeos en Serbia en 1999 que se hicieron bajo mandato de la OTAN. Pero la OTAN tampoco tendría por ahora el consenso de sus miembros, ya que el gobierno alemán todavía no ha dado su conformidad con el plan.

El gobierno de Obama también está dividido alrededor de la conveniencia establecer la zona de exclusión aérea. El Secretario de Defensa, Robert Gates, se ha opuesto frontalmente a esta alternativa, ya que considera que el solo establecimiento de esta zona implicaría una suerte de declaración de guerra contra Libia, y debería ser impuesta con ataques aéreos en los que con seguridad habrá bajas civiles. La posición del Pentágono es que la situación en Irak y Afganistán no permite otra intervención militar garantizada por Estados Unidos.

A esto se suma que políticamente los gobiernos imperialistas no tienen confianza en los dirigentes de la oposición libia y, ante la imposibilidad de sostener una ocupación permanente, temen que grupos islamistas u hostiles a sus intereses se alcen con el poder. Como plantea R. Haass, un influyente analista de política internacional que fue asesor bajo el gobierno de Bush, “remover a Kadafi y a su entorno podría poner en movimiento una cadena de eventos en la que diferentes hombres fuertes, con el apoyo de distintas tribus asuman el poder. O podría crear una situación en la que avancen islamistas radicales. De cualquier manera, áreas significativas del país quedarían por fuera del control del gobierno, creando vacíos que pueden ser explotados por al Qaeda y grupos similares.” (Wall Street Journal, 8 de marzo de 2011).

Para los “rebeldes” libios la intervención imperialista también puede crear contradicciones, sobre todo para las organizaciones islamistas que si bien han aceptado la decisión del Consejo Nacional de solicitar la zona de exclusión, se verían obligados por su base a resistir cualquier intervención de tropas terrestres o a repudiar bombardeos aéreos que con seguridad implicarán bajas civiles. De ahí que el imperialismo está buscando el tipo de intervención que limite las consecuencias de estas contradicciones.

Ninguna injerencia imperialista

Algunas organizaciones europeas como el Partido Comunista Francés, organismos de derechos humanos y de defensa de inmigrantes, a los que se ha sumado la dirección del Nuevo Partido Anticapitalista de Francia (en este caso con oposición interna), han firmado un documento solicitando la “intervención solidaria” de los gobiernos de la Unión Europea, sin siquiera mencionar, por ejemplo, la masacre de civiles que estas potencias junto con Estados Unidos están perpetrando en Afganistán, o que hasta hace solo semanas estos mismos gobiernos eran aliados de Ben Ali, Mubarak o Kadafi, que les garantizaban sus intereses.

Contrariamente a estas posiciones, el objetivo de una eventual intervención imperialista en Libia no tiene nada que ver con razones humanitarias, sino en primer lugar con evitar que la revuelta popular contra Kadafi pueda tomar un curso que ponga en cuestión los intereses de las principales potencias, entre ellos el abastecimiento de crudo y las inversiones de grandes petroleras y eventualmente una base contra la oleada revolucionaria que sacude el mundo árabe y el norte de África. Por esto la política revolucionaria hoy debe plantear tanto la lucha por la caída revolucionaria de Kadafi junto con la oposición a cualquier tipo de intervención e injerencia imperialista.

Al contrario de la defensa de Kadafi que han planteado gobiernos como los de Chávez u Ortega, los marxistas revolucionarios del PTS hemos señalado que la rebelión libia es continuidad de las sublevaciones populares contra Ben Ali en Túnez y Mubarak en Egipto, alertando que la política de los sectores de la oposición que confían en lograr un acuerdo con el imperialismo solo puede llevar a cambiar una opresión por otra.

Tomados de conjunto, los procesos revolucionarios desatados en Tunez, Egipto y Libia han puesto de manifiesto la opresión política, social e imperialista que sufren las masas de estos países. La resolución íntegra y efectiva de estas demandas requiere de un programa que se plantee llevar al poder a la clase obrera y a las masas explotadas. Sólo esta perspectiva puede evitar las maniobras tendientes a que los cambios conseguidos con la acción de masas no alteren el dominio imperialista en la región.

martes, 8 de febrero de 2011

Viva la lucha de los trabajadores y el pueblo de Egipto


Al cierre de este artículo, el proceso revolucionario abierto en Egipto parecía entrar en una etapa decisiva. Aquí se juega la partida más importante de un conjunto de movilizaciones que abarca a numerosos países del mundo árabe, como Túnez, Jordania, Yemen, Marruecos y Argelia, donde la oposición ha anunciado la convocatoria a huelgas y movilizaciones para los próximos días.

En Egipto, el proceso de rebelión obrera y popular tuvo un nuevo hito el 1 de febrero, cuando se movilizaron entre 2 y 4 millones de personas exigiendo la renuncia del dictador Hosni Mubarak, quien dobló la apuesta anunciando que piensa permanecer en el poder hasta las elecciones presidenciales de septiembre, con la única concesión de no presentarse a otra reelección.

Esta maniobra tardía de Mubarak para mantenerse en el poder, como su anterior política de nombrar al jefe de la inteligencia militar, Omar Suleimán, como vicepresidente, parece completamente ineficaz para desmontar el proceso en curso.

El ejército, que se había presentado como “amigo” de las movilizaciones antigubernamentales, está comenzando a mostrar más claramente su juego: después del discurso de Mubarak llamó a las masas a que se “vayan a sus casas” y retomen su vida normal, ya que el gobierno había escuchado su mensaje. Más allá de que Obama salió a exigirle a Mubarak que comience inmediatamente una transición democrática, es posible que esta respuesta del dictador fue discutida no sólo con el ejército sino con el enviado especial de Washington para esta crisis, Frank Wisner, que viene interviniendo activamente para salvar al régimen egipcio.

Como era de esperar, esto fue ampliamente rechazado por quienes desde hace varios días han tomado las calles para poner fin a este régimen dictatorial.

El régimen acudió entonces a sus bandas armadas -formadas por policías y funcionarios- que montados en caballos y camellos se lanzaron este miércoles 2 con palos, cuchillos y golpes de puño contra los manifestantes para retomar la emblemática Plaza de la Liberación en el Cairo, transformada en el epicentro del proceso revolucionario que estremece al país.

Las escenas de los enfrentamientos con piedras y bombas molotov se repitieron durante toda la jornada, contrastando con el clima festivo de los días anteriores. Esta resistencia, que hasta el momento dejó un saldo de al menos cinco muertos y más de 1.500 heridos,, hizo fracasar el ataque de las bandas gubernamentales en su objetivo de poner fin a la movilización y cuando cerramos este artículo la crisis se ha profundizado.

Evidentemente, la insistencia de Mubarak de mantenerse en el poder radicalizó la situación que está llegando a un punto de inflexión, lo que está preocupando seriamente tanto a las potencias imperialistas, empezando por Estados Unidos, como a los gobiernos dictatoriales del mundo árabe, sacudidos por movilizaciones similares.

El statu quo se está volviendo insostenible: o el proceso revolucionario da un salto en su organización y sus objetivos, logra dividir al ejército, principal institución del régimen y del estado capitalista, y derriba a Mubarak, o el régimen intentará ganar tiempo, con la ayuda del ejército y el imperialismo, apostando al desgaste y a la división del movimiento (y eventualmente a la represión), para tratar de poner en marcha una transición ordenada que aleje el fantasma de la revolución.

Las variantes contrarrevolucionarias

Ante el imponente movimiento de masas, el régimen apoyado en el ejército, el imperialismo - en particular el gobierno de Obama-, y la oposición burguesa al régimen de Mubarak están buscando salidas viables para desviar el proceso y evitar que se radicalice.

Sin embargo, la resistencia de Mubarak a dejar el poder polariza la situación e incluso no puede descartarse que este busque mantenerse recurriendo a un baño de sangre, aunque esta posibilidad parece muy riesgosa y podría llevar a la división del ejército.

El ejército, que goza de cierto prestigio popular por estar relacionado con el fin de la monarquía y el ascenso del nacionalismo de Nasser a principios de la década de 1950, tomó de hecho el control de la situación y viene actuando como árbitro y principal sostén del régimen y de Mubarak, a la vez que al negarse a reprimir alimenta en las masas la ilusión de que se puede confiar en las fuerzas armadas. Esta confianza en el ejército fue un elemento clave, hasta el momento, para retrasar la radicalización del proceso.

Otro escenario es que caiga Mubarak pero se mantenga la continuidad del régimen con el vicepresidente Omar Suleimán, un estrecho aliado de Mubarak que goza de la confianza de Estados Unidos por los servicios prestados contra el pueblo palestino, junto al comandante de las fuerzas armadas, Sami Anan. Otra es que a estos personajes se sumen figuras de la oposición burguesa como el ex Director de la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU, Mohamed ElBaradei, un personaje que contaría, además, con el apoyo de los Hermanos Musulmanes, una organización islamista tradicional y conservadora que es la principal fuerza de oposición a Mubarak. Este gobierno endeble sería el encargado de preparar las elecciones presidenciales.

Aunque Estados Unidos hasta ahora ha sostenido a Mubarak porque teme las consecuencias de su caída revolucionaria y no tiene una alternativa sólida y confiable, su política principal parece ser derrotar al movimiento por la vía de alguna variante de “reacción democrática”, consciente de que una respuesta represiva violenta pueda profundizar el proceso revolucionario y tener repercusiones en toda la región del Magreb que está en virtual estado de rebelión. Esta política de reacción democrática es compartida por las potencias imperialistas de la Unión Europea que ven con temor la posibilidad de que los procesos del Magreb y el Medio Oriente terminen repercutiendo en sus propios países.

Una crisis para el dominio imperialista

Por la importancia geopolítica de Egipto, su peso demográfico y su rol en el mundo árabe, la posibilidad de que una revolución obrera y popular termine con el régimen de Mubarak tendría enormes consecuencias regionales e incluso mundiales.

Egipto es uno de los principales países árabes, con una población de más de 80 millones de habitantes, un fuerte proletariado concentrado, clases medias y pobres urbanos, además de un peso político decisivo.

Desde el punto de vista económico, Egipto es clave para el transporte del petróleo. A través del Canal de Suez y del oleoducto Suez-Mediterráneo, circulan por día unos 3.000 millones de barriles de petróleo desde los países productores del Golfo hasta el Mar Mediterráneo. El temor por un eventual cierre del Canal de Suez podría hacer subir a niveles exorbitantes el precio del petróleo, que ya está registrando un aumento, con consecuencias imprevisibles para la economía mundial, no sólo poniendo en cuestión la débil recuperación de algunos países avanzados, sino el crecimiento de países emergentes como China, lo que repercutiría en el conjunto de la economía capitalista mundial.

Desde el punto de vista de los intereses geopolíticos del imperialismo norteamericano, sería un golpe que profundizaría la decadencia hegemónica de Estados Unidos, que no ha logrado poner fin a las guerras de Irak y Afganistán y tampoco obligar al régimen iraní, que se ha fortalecido como potencia regional, a abandonar su programa nuclear.

Como ocurrió en 1979 con la caída del Sha en Irán, Estados Unidos perdería a un aliado fundamental en la región, considerando que Egipto junto con Jordania son los únicos países árabes que firmaron la paz con el estado sionista de Israel. Mubarak ha sido un baluarte de los intereses norteamericanos, colaborando con la política de opresión sobre el pueblo palestino y justificando su brutal dictadura con el combate contra los grupos islamistas radicales y los Hermanos Musulmanes. Por estos servicios, el régimen de Mubarak recibe de Estados Unidos 1.500 millones de dólares anuales en concepto de ayuda financiera militar, la segunda más importante después de Israel. Por ello, todos los regímenes proimperialistas desde los reaccionarios gobiernos árabes, hasta la corrupta Autoridad Nacional Palestina y el gobierno de ultraderecha israelí de Netanyahu siguen apoyando a Mubarak, ya que su caída abriría una situación de gran inestabilidad que podría cambiar de manera decisiva el equilibrio de fuerzas regional.

Pero sobre todo, una revolución en Egipto sería un ejemplo para los pueblos árabes y musulmanes que se están levantando contra sus propios gobiernos proimperialistas y dictatoriales y tendría enormes consecuencias para la lucha de clases internacional, ya que sería una respuesta revolucionaria de los explotados y oprimidos a la crisis capitalista y el dominio imperialista.

Un programa revolucionario

Las movilizaciones en Túnez que culminaron con la caída del dictador Ben Alí, fueron un catalizador del proceso revolucionario que estalló en Egipto y que puso en escena las aspiraciones profundas de las masas: terminar con la pobreza, con el desempleo, con las obscenas desigualdades sociales y con el régimen dictatorial y proimperialista de Mubarak, que durante 30 años viene garantizando con puño de hierro la estabilidad necesaria para los negocios capitalistas, las privatizaciones y las políticas neoliberales, con la colaboración de una burocracia sindical adicta y un poderoso aparato represivo.

Como resultado de décadas de opresión y explotación, el salario promedio de un trabajador egipcio es de aproximadamente 75 dólares mensuales y la tasa de desocupación asciende a casi el 24%, aunque las estadísticas oficiales la ubiquen en un 12%. Estas condiciones de miseria que sufre al menos un 40% de la población de más de 80 millones de personas, que viven con apenas dos dólares diarios, hacinados en los suburbios de El Cairo y las grandes ciudades del país, se agravaron bajo los efectos de la crisis económica internacional, que llevó el precio de los alimentos básicos por las nubes en un país que es esencialmente importador de trigo y otros alimentos.

El proceso revolucionario abierto hoy en Egipto no surgió de la nada, sino que fue precedido por años de resistencia obrera y popular, en particular de los trabajadores textiles que entre 2006 y 2008 protagonizaron importantes huelgas con ocupación de empresas en la ciudad industrial de Mahalla al norte del país.

Esto explica que hoy los trabajadores egipcios sean una fuerza fundamental en el movimiento de lucha contra el régimen de Mubarak, junto con los jóvenes desocupados y de clase media educada que no consiguen empleo, y los pobres de las ciudades. A pesar de su dirección aliada al régimen, varios sindicatos y organizaciones agrupadas en la coalición 6 de abril (surgida en el proceso de lucha de 2008) han lanzado un llamado a la huelga general que coincidió el 1 de febrero con la llamada marcha del millón y algunos sectores han comenzado un proceso de organización por fuera de la central oficial.

Pero a pesar de la intensidad y masividad de las movilizaciones, el proceso revolucionario aún está en sus etapas iniciales: Mubarak permanece en el poder y el ejército, principal pilar del régimen y el estado capitalista todavía se mantiene intacto. Es necesario que la lucha avance a una huelga general política hasta que caiga Mubarak. Frente a los ataques de bandas armadas irregulares, de la policía y eventualmente del ejército, ya se han constituido algunos comités para defender las movilizaciones; es necesario generalizar la autodefensa obrera y popular para dividir al ejército y a las fuerzas de represión.

Ninguna de las demandas estructurales del movimiento de masas podrá encontrar una respuesta de cualquier gobierno de la burguesía egipcia que reemplace al de Mubarak. ElBaradei que se presenta como alternativa es una de las variantes que maneja el imperialismo como salida transitoria y los Hermanos Musulmanes son una organización que defiende el orden social establecido y cuenta en sus filas a miembros de la acaudalada burguesía local.

Para avanzar de manera decisiva es necesario que la clase obrera en alianza con los jóvenes desocupados y los pobres urbanos y del campo, se dote de sus propios organismos de autoorganización y de un programa y una estrategia revolucionaria independiente del régimen y de las variantes opositoras, que lejos de representar los intereses de los explotados son las válvulas de escape para una transición democrática” que salve a los capitalistas y preserve los intereses del imperialismo. Contra la trampa de las transiciones ordenadas, las elecciones, o la continuidad del régimen con o sin Mubarak- la única salida democrática es la realización de una Asamblea Constituyente Revolucionaria, que aceleraría la experiencia de masas con sus aspiraciones democráticas y sería un impulso para luchar por un gobierno obrero y popular basado en órganos de democracia obrera que expropie a los capitalistas y al imperialismo y sea el primer paso de la revolución socialista en el Magreb y en el conjunto de los países del mundo árabe.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Farsa diplomática Iberoamericana en Mar del Plata

Basta de ajuste en España y Portugal, que la crisis la paguen los Capitalistas

Este tres y cuatro de diciembre se realiza en Mar del Plata la XX cumbre Iberoamericana. De la reunión participan todos los gobiernos latinoamericanos, desde los más abiertamente derechistas y cipayos del imperialismo como Rafael Santos de Colombia aliado incondicional del imperialismo yanqui en la región donde se establecieron más de 7 bases militares, Alan García de Perú, etc., hasta aquellos que se cubren con un discurso “progresista” pero llevan adelante una política al servicio de los grandes empresarios y multinacionales como Lula de Brasil que viene preparando la devaluación del Real para mejorar la competitividad de las empresas radicadas en su país sobre la base de la licuación de los salarios y además viene de una agresiva cruzada contra el “tráfico” que ya se llevo más de 50 muertes, y Cristina Kirchner que viene de recurrir al FMI para lavarle la cara al INDEC mientras sus principales aliados como el gobernador Insfran de Formosa masacra la comunidad Qom y el burócrata Pedraza y compañía asesina a los jóvenes que luchan junto a los trabajadores como a Mariano Ferreyra. Evo Morales de Bolivia y Chávez de Venezuela ya anunciaron que no asistirían pero sus países participan a través de los cancilleres. Estos gobiernos si bien mantienen una retórica de socialismo del siglo XXI, indigenismo, etc., no vienen siendo una variante para enfrentar consecuentemente al imperialismo en la región avanzando contra sus intereses.

Además en este encuentro bajo el lema “educación para la inclusión social” serán de la partida el rey Juan Carlos de España ya que Zapatero no podrá participar porque su país se encuentra inmerso en una dura crisis económica que el gobierno “socialista” viene haciendo frente a través del ajuste a los trabajadores con despidos y rebaja de salarios y la reducción del gasto a sus necesidades como salud educación etcétera, y el también “socialista” Aníbal Cavaco Silva de Portugal donde vienen de la primera huelga general desde 1988 contra las medidas anticrisis, que prevén aumento del IVA, recorte de programas sociales y rebajas salariales para los empleados públicos como parte del ajuste que busca descargar sobre los trabajadores las consecuencias de la crisis cuando el desempleo del país supera el 10%.

De esta cumbre organizada por los gobiernos latinoamericanos y la vieja metrópoli, no puede salir nada bueno para los trabajadores y los sectores populares, los principales temas a tratar muestran a las claras la continuidad del sometimiento de los gobiernos latinoamericanos en temas como la educación sobre lo que se acordará un documento que prepara la privatización progresiva a través de la descentralización del presupuesto que debería provenir de empresas privadas y una mayor mercantilización. Sobre temas como el bloqueo a Cuba y los ingleses en Malvinas que son parte de la agenda sólo se realizarán declaraciones en el caso de que se llegue a un acuerdo pero sin tomar siquiera una medida como sería la ruptura total de relaciones con Inglaterra y la expropiación de sus bienes en la región, o en el caso de Cuba se solicita el fin del bloqueo como parte de las negociaciones de los intereses españoles en la isla para abrir camino a la restauración y terminar con lo que queda del estado obrero dominado por la burocracia, sin presentar ninguna alternativa progresiva para los trabajadores y las masas como sería a partir de la defensa incondicional de las conquistas de la revolución, una revolución política que permita enfrentar a la burocracia enquistada.

Desde el Partido de los Trabajadores Socialistas, junto a las agrupaciones juveniles NO PASARAN, Pan y Rosas y En Clave ROJA, convocamos repudiar esta cumbre signada por la farsa diplomática declarativa mientras Wikileaks publica documentos secretos de la verdadera naturaleza de las relaciones internacionales. El camino para enfrentar sus planes es como comienza a ocurrir en Francia, España y Portugal, con huelga general y movilización de los trabajadores, estudiantes y los sectores populares para que la crisis la paguen los capitalistas y por una verdadera unidad de Latinoamérica que supere la traba de las direcciones nacionalistas o “progresistas” que terminan claudicando, para que la clase obrera continental, actuando con sus propios métodos y programa, se ponga al frente de la alianza con los campesinos, los pueblos indígenas y los sectores populares de toda la región, para abrir el camino a su propio poder revolucionario, expulsando al imperialismo y sellando la imprescindible unidad económica y política de nuestros pueblos en una Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina.

Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS)

ptsmdp@hotmail.com // www.ptsmdp.blogspot.com

“El imperialismo, con sus oscuros planes de conquista y sus alianzas y tratos mafiosos, desarrolló el sistema de la diplomacia secreta a un nivel sin precedentes. La lucha contra el imperialismo (…) es al mismo tiempo la lucha contra la diplomacia capitalista, que ha hecho el daño suficiente como para temer salir a la luz del día.”

León Trotsky

jueves, 26 de agosto de 2010

Miles en el acto internacionalista



El domingo 22 de agosto se realizó en el estadio cerrado de Racing de Avellaneda el acto en homenaje al revolucionario ruso León Trotsky, a 70 años de su asesinato a manos de un sicario de Stalin.

Miles de obreros y estudiantes se hicieron presentes convocados por el PTS junto a organizaciones hermanas y dirigentes de América Latina y Europa. El acto fue la culminación de las deliberaciones de la Conferencia de la Fracción Trotskista (CI) y como reconocieron Clarin y otros medios fue el acto internacionalista más importante de América Latina.

El entusiasmo iba llenando las tribunas a medida que llegaban las delegaciones de obreros y estudiantes. La juventud le puso toda la fuerza y no paró una sola vez de cantar, eran los compañeros de En Clave Roja y del No Pasarán, los que se jugaron en los cortes de calle en apoyo a las luchas obreras como la de Kraft. Entre los trabajadores estuvieron delegados como los de Kraft, la Agrupación Desde Abajo del gremio de la alimentación, La Bordó de ferroviarios de la línea Roca, los ceramistas neuquinos que tienen sus fábricas bajo gestión obrera, trabajadores y delegados del subterráneo, de la UOM, SMATA, aeronáuticos, docentes y estatales, entre otros. Ahí estaba el nuevo sindicalismo de base que busca poner en pie una alternativa clasista.

El acto fue saludado desde México por Esteban Volkov, nieto de León Trotsky, quien nos decía: “Estamos aquí en el lugar histórico donde Trotsky libró su última batalla. Fue el revolucionario más completo que ha habido e intervenido en todas las fases de la lucha política. Es tan vasta su obra que deja un arsenal maravilloso para las futuras generaciones. Y desde aquí quiero mandar un saludo muy fraternal, muy caluroso, a todas esas nuevas generaciones que retoman el camino hacia el socialismo, que más que nunca es urgente, es apremiante para la humanidad”.

También se hicieron presentes intelectuales como Guillermo Almeyra, personalidades como Pablo Gitter de APEMIA, “Cachito” Fuckman – detenido-desaparecido que estuvo secuestrado en la ESMA, Elia Espen, Madre de Plaza de Mayo (LF) y Juan Carlos Beica, dirigente de Convergencia de Izquierda, que fue la única organización que acordó con el llamado que hicimos en nuestra prensa nº 382 del 8 de julio, para organizar un acto común de todas las organizaciones que reivindicamos el legado de León Trotsky. Ante la negativa de las demás organizaciones, ofrecimos a los compañeros hacer un saludo en el acto del PTS (como explica en su discurso). Además enviaron sus saludos, entre otros, el periodista Herman Schiller y el historiador Hernán Camarero. En estas páginas publicamos extractos de los discursos de los oradores que pueden leerse completos en la página web del PTS y de las distintas organizaciones de la FT (CI).

jueves, 19 de agosto de 2010

10 días de control obrero en Francia

MANU GEORGET, DIRIGENTE DE LA CGT DE PHILIP DREUX

Mientras se realiza la VII Conferencia Internacional de la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional, con delegados y delegadas de las diferentes organizaciones que la conforman, La Verdad Obrera entrevistó a Manuel Georget, dirigente sindical de la CGT de Philips Dreux, de Francia, y militante del NPA (Nuevo Partido Anticapitalista) del “Colectivo por una Tendencia Revolucionaria”. Los trabajadores de la fábrica de televisores Philips Dreux en Francia mantuvieron a principios de 2010, durante 10 días, una experiencia de control obrero ante el anuncio de la patronal de cierre y despidos. Manu será orador en el acto internacionalista en homenaje a Trotsky, este domingo 22 en Racing.

LVO: Contanos cómo empieza tu experiencia en la fábrica Philips, ¿cuándo empezaste a trabajar ahí?

MG: Entré a trabajar en Philips en Dreux en 1987, donde había dos plantas de producción de televisores, y en ese momento había 7.000 obreros, que junto con el personal precarizado sumaban en total 12.000 asalariados en la fábrica.

Hubo varias luchas importantes durante los años ’80. Pero una de las luchas más importantes fue en 1997, cuando los obreros efectivos y precarizados lucharon juntos para que los precarios tuvieran las mismas condiciones laborales y salarios que los trabajadores de “cuello azul” (efectivos). A partir de ese momento, Philips empezó a deslocalizar parte de su producción y para eso hizo una joint venture con la empresa LG, para deslindarse de responsabilidad, y a partir de ese momento empezó a haber despidos.

LVO: ¿Cómo fue el inicio de tu militancia en la fábrica?

MG: En ese proceso, yo trabaja en la fábrica de arriba llamada “Radio 1”. Tenía ese nombre porque antes era una empresa estatal llamada Radiola, que estaba dividida en dos plantas: Radio 1 y Radio 2. Yo trabajaba en la parte donde se hacían los componentes, la parte más concentrada de la producción, mientras en la otra planta, donde trabajaban mayoritariamente mujeres, se hacía el ensamblaje. En ese momento, me pasaron a la planta “Radio 2” con las mujeres. En esta planta nunca había habido luchas y el sindicato CGT era dirigido por una compañera joven, que era ingeniera. Quise hacer una prueba, y terminé provocando una huelga por salarios, y vi que la compañera no solo llevó a cabo la huelga por aumento de salario, sino que logró que me reconocieran como delegado del sindicato y, de esa manera, que no pudieran echarme por haberme involucrado en la huelga.

Junto con esta compañera empezamos a construir el sindicato CGT en Philips, que para nosotros tenía que ser sindicato clasista y de masas, pero veíamos que para ser un sindicato de estas características, clasista, era necesario separarse de la política de la CGT mayoritaria, que es una política traidora.

LVO: ¿Cómo empezaron a organizar el sindicato?

MG: Para hacer lo que llamábamos “la disidencia” de la CGT, necesitábamos tener una legalidad para poder tener un sindicato propio. Al mismo tiempo, dimos una pelea para que los altos ejecutivos no pudieran votar en las elecciones de la fábrica. Antes, había tres categorías o sectores que participan en las elecciones: los obreros, los técnicos y los empleados (administrativos), y los ejecutivos podían votar en las elecciones de los obreros. Los obreros y los técnicos sólo votaban en su sector pero los ejecutivos podían votar en el suyo y en el de los obreros.

Si es una fábrica muy grande, por la cantidad, esto no hace mucho daño, pero con todos los despidos que venía habiendo, en un momento los ejecutivos venían y podían decidir sobre la política de los obreros. Cambiar esto fue la primera política que impulsamos como CGT disidente.

Fue un combate jurídico importante pero muy largo, que al final logramos ganar, y que se transformó en ley para todos los obreros de Francia. Y a partir de ahí tuvimos la política de extender el sindicato disidente de la CGT desde Philips a otros sectores de la región, logrando una especie de coordinación con trabajadores de varios sectores de la industria y el comercio en Dreux. Con esto logramos reforzar las finanzas del sindicato y empezar a hacer política, comenzamos a editar un periódico mensual del sindicato.

LVO: ¿Cómo enfrentaron las oleadas de despidos de los últimos años?

MG: En 2003 hubo una primera oleada de despidos por el cambio de tecnología de tubo de rayos catódicos a LCD, ahí la patronal organizó una primera oleada de despidos de 250 trabajadores. Fue una huelga muy fuerte y muy larga, que terminó con la traición de un sindicato amarillo (pro patronal), que había sido creado por la empresa algunos años antes para romper la hegemonía que teníamos en la fábrica.

En 2008, hubo una nueva oleada de despidos y fue una huelga aún más dura que duró 11 semanas, en la que los trabajadores peleaban por mantener sus puestos de trabajo, no por indemnizaciones, y que aparte fue ofensiva porque no solo mantuvieron un piquete en la puerta de la fábrica sino que decidieron bloquear toda la zona industrial (de Dreux) instalando varios piquetes alrededor de las otras fabricas por toda la ciudad y haciendo dos asambleas por día. Durante 11 semanas, esta huelga indefinida, que había logrado gran adhesión entre los trabajadores, bloqueó de hecho el conjunto de la zona industrial, donde las fábricas no funcionaban por los piquetes de los obreros de Philips.

Después de 11 semanas de huelga, el sindicato pro patronal de Force Ouvrière, que no había participado de la huelga y que incluso habían sido echados por los trabajadores al principio de la misma, sin ninguna consulta con los obreros, firmó un acuerdo con la patronal que aceptaba los despidos. En total fueron 287 despidos en 2008 y Force Ouvrière no sólo firmó un acuerdo para que se los eche sino que acordó con la patronal y el Ministerio de Trabajo que se puedan echar a los sindicalistas (delegados), pero solo a los de la CGT. Además, hay que tener en cuenta que esos 287 trabajadores eran la base radical de la fábrica, era la base de la CGT.

En ese momento no me echaron pero me quedé solo en el sindicato ya que habían despedido a todos mis compañeros, así que dimos una pelea en primer lugar por la reincorporación de los compañeros de la CGT.

LVO: ¿Cómo empezó el proceso de coordinación con otros sectores en lucha?

MG: En ese momento me di cuenta que lo que había hecho a nivel local de coordinación y la acción en Dreux, tenía que hacerlo a nivel nacional. Entonces agarré mi coche y empecé a recorrer las fábricas que estaban en conflicto y empecé a conocer y relacionarme con los dirigentes de las principales luchas como Molex, Continental y Goodyear, que son los sectores más de vanguardia, para construir una coordinación de las luchas. Con estos sectores fue que se empezó a organizar la primera oposición de la historia de la CGT, que era la corriente en la CGT por un sindicato clasista y de masas. Fue ahí que muchos que eran de la CGT se empezaron a organizar por primera vez y convocamos una reunión para organizar esa oposición sindical en la CGT.

Dimos una pelea en la Justicia y logramos la reincorporación de los sindicalistas (delegados) de la CGT en Dreux. La justicia nos dio la razón afirmando que los motivos económicos que había dado la patronal no se justificaban. En ese marco se logró la reincorporación de los sindicalistas, y aunque de forma más lenta, sigue el proceso por la reincorporación del conjunto de los despedidos de 2008.

El año 2009 estuvo marcado en Francia por lo que se conoce como “despidos parciales” (suspensiones), es decir, cuando la patronal obliga a los trabajadores a trabajar menos horas porque no hay producción. Esta fue una de las razones por lo que las marchas de comienzos de 2009 fueron tan masivas. En Philips se veía que la patronal estaba preparando el cierre, no se había resuelto todavía el caso de los anteriores despidos de 2008 pero ya veíamos que se venía una nueva ofensiva de la patronal. En ese marco, fue que con mi compañera Natalie empezamos a pensar en la alternativa del control obrero y dijimos, ya no vamos a hacer una huelga más cocinando chorizos afuera sino que vamos a tratar de estar a la ofensiva.

El proceso de coordinación se siguió organizando y durante el mes de julio de 2009 se puso en pie lo que se llamó el “Colectivo en contra de los Patrones Delincuentes”. Cuando estaban cerrando la fábrica New Fabris, donde los trabajadores amenazaron con hacerla explotar con un tanque de gas, se llamó a una marcha en la ciudad donde se encontraba la fábrica, a la mitad del verano a fines de julio, a la que acudieron 3.000 personas, algo muy raro en Francia. A partir de este momento se siguieron organizando reuniones con sectores de vanguardia en distintas ciudades, y se decidió realizar una gran actividad a la que acudieron más de 1.000 personas. Después de eso, se realizó una marcha en Paris, que fue llamada por sectores de vanguardia.

LVO: ¿Cómo fue la experiencia del control obrero que hicieron en Philips?

MG: En un festejo realizado por los trabajadores en noviembre de 2009 fue la primera vez que se habló del control obrero. Cuando volvimos de las vacaciones en enero de 2010, hicimos una asamblea para discutir con los trabajadores, aunque era muy difícil porque a casi toda la base de la CGT la habían despedido en 2008 y la gente que había quedado en la fábrica eran trabajadores que nunca habían hecho una huelga. En ese momento, al ver que la patronal amenazaba con cerrar, nos dijeron: “Ustedes siempre hablan del control obrero. Por qué no probamos”.

Al principio, cuando empezamos a poner en pie el control obrero hubo trabajadores que decían “A mí no me controla nadie”. Entonces, un trabajador que les dijo, “si no quieren tomar su destino en sus propias manos, vamos a ir a la quiebra y nos va a comer el patrón” y así, todos nos pusimos a trabajar. Como los sectores administrativos también participaron del control obrero, lo primero que hicieron, como faltaban materias primas, fue desviar unos camiones con componentes para fabricar televisores, que se estaban yendo para Hungría, y los trajeron a la fábrica y empezamos a producir.

No teníamos para producir mucho, había para 5.000 televisores pero lo importante era demostrar que la fábrica podía funcionar y que podía pagar los sueldos a los obreros. No tuvimos tiempo, no llegamos a poner en venta los televisores que fabricamos pero lo interesante fue que en periodo tan corto de control obrero, solo 10 días, algunas grandes cadenas de venta de electrodomésticos empezaron a llamar para preguntarnos a cuánto los vendíamos. Pudimos hacer una experiencia con los pocos televisores que tuvimos para producir y los trabajadores estaban empezando a comprender que si vendían un televisor a 600 euros, produciendo 5.000 televisores, y ellos eran 147 obreros, en un mes podían cobrar 20.000 euros, una suma que no alcanzaban ni en un año de trabajo.

En ese momento, la dirección nacional de Philips en Francia convoca a los sindicatos a la oficina central, diciendo que el control obrero es ilegal. La CGT le responde que ellos no tenían nada que ver, que era una decisión de los obreros, mientras que Force Ouvriére no solo dijo que no tenían nada que ver sino que la empresa podía hacer lo que quisiera con la fábrica, incluso retomarla. Ahí empezaron a meter mucha presión, con agentes de seguridad privada y fiscales de la justicia, que llegaron a la fábrica y amenazaron con procesar a nueve trabajadores, amenazando con que ellos iban a tener que pagar por todo lo que se estaba haciendo en la fábrica porque era algo “ilegal”. Bajo las amenazas de la empresa, se terminó votando, con la colaboración de Force Ouvriere, el fin del control obrero. Nosotros planteamos seguir la lucha, teniendo en cuenta que nos podíamos apoyar en una resolución de la justicia, que era favorable a nosotros, y que decía que los fundamentos económicos del cierre de la fábrica no eran válidos.

A medidos de febrero de 2010 los obreros recibieron telegramas en sus casas que decían que no fueran a trabajar el lunes siguiente porque la fábrica había cerrado. Nosotros desde la CGT tratamos por todos los medios, llamando por teléfono a todos y tratando usar los medios de comunicación, de avisar a los trabajadores que no tomen en cuenta la carta de la patronal y que vengan a trabajar todos el lunes. Ese lunes temprano nos enteramos de que algunos trabajadores habían recibido otro telegrama donde la patronal les decía que tenían otra propuesta, que era la de reincorporarlos en Philips pero aceptando que los trasladen a Hungría con un sueldo de 450 euros y les ponían como condición hablar el húngaro de manera fluida. Esto fue un escándalo, estaban todos escandalizados porque se les proponía a los obreros franceses que aceptaran cobrar sueldos de 450 euros, pero lo que nadie denunció es que los obreros húngaros cobran sueldos de 450 euros. En ese momento el conflicto ganó repercusión nacional y en medio de este escándalo salió el ministro de Industria a defender a Philips diciendo que no eran delincuentes y llamó a una reunión a los obreros y los sindicatos en Paris.

Pasó una semana y, mientras se mantenían los piquetes, salió un fallo de la justicia que decía que el lock out de la empresa era ilegal y que la empresa debía retomar la producción. Justo el mismo día que la dirección de la empresa había declarado que la fábrica no produciría nunca más. Tres días después de esa victoria importante, el sindicato Force Ouvrière hizo un acuerdo con la patronal para aceptar el cierre a cambio de indemnizaciones. En Francia, existe un mecanismo escandaloso que permite que un sindicato aunque sea minoritario y no tenga el apoyo de los trabajadores haga un acuerdo con la patronal.

El conflicto terminó como todos saben en una derrota. Una derrota importante, pero sin embargo considero que estoy dejando algún legado a los trabajadores que lucharán en el futuro con esta experiencia de control obrero.


Visita a Zanon y Stefani bajo control obrero

“Que la herencia de León Trotsky sea aprovechada para llevarnos a la victoria”

En Philips Dreux, nosotros hicimos una experiencia de control obrero que si bien terminó en una derrota, nos dio una alternativa de lucha diferente a la que hoy en Francia es defendida por los reformistas que piden solo indemnizaciones. La derrota que sufrimos en Philips fue responsabilidad de burocracia y los sindicatos amarillos [pro patronales] que traicionaron a la clase obrera. Sin embargo, la experiencia de control obrero ha llevado a una toma de conciencia de que hay otra alternativa posible en Francia y en Europa, una alternativa de lucha que nos llevará a la victoria.

Mi viaje a la Argentina es importante porque Europa y el mundo están conociendo una crisis que golpeará a nuestra clase muy violentamente y se muy bien que ustedes en Argentina ya han conocido una crisis en el año 2001 a la que han tenido que responder los trabajadores y el pueblo.

Un ejemplo de esto es la lucha de los trabajadores de Zanon, donde estuve la semana pasada, y pude ver cómo organizan y controlan la producción de su fábrica, mostrando una valentía ejemplar frente a los capitalistas que buscaban ponerlos de rodillas y descargar su crisis sobre ellos.

Estoy muy orgulloso de estar en Argentina y quiero agradecer a todos los compañeros argentinos que me han permitido estar acá y el próximo domingo 22 de agosto estaré con todos mis compañeros internacionalistas el Acto por el 70° Aniversario del asesinato de León Trotsky. Quiero agradecer también a los compañeros de Zanon y Stefani que me recibieron y me mostraron su lucha que empezó hace ya 8 años, como una respuesta a la crisis de 2001, y que han demostrado que si el control obrero es posible en Argentina, también es posible en Francia y en el mundo entero. Quiero rendir homenaje a León Trotsky que nos dejó una herencia importante y espero que esta herencia sea aprovechada para llevar a la victoria a los trabajadores.